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Cuando el pasado mes de abril (2008) el Presidente García Pérez, en un alarde de arrogancia y desprecio por las comunidades andinas y amazónicas llamó a estas, “perros del hortelano” por oponerse a la usurpación de sus tierras por partes de compañías mineras extranjeras y otros depredadores del capitalismo salvaje, muchos peruanos extranjerizantes, se pasaron los dedos por las barbas de la alegría, persuadidos de que ese fatua gubernamental, –fundamentalista sentencia musulmana que no admite discusión- Decreto Legislativo 1015, vulneración de la Carta Magna artículo 89, daba luz verde para disponer de las tierras comunales, sin consultar con los ocupantes, por considerar a estos: “perros del hortelano”; y, si por pobreza coyuntural los comuneros no podían hacer producir sus tierras o explotar los yacimientos mineros debajo de sus cerros, lo “correcto” y “civilizado” era que el gobierno entregase a quienes tuvieran dinero, pero obviamente, a los amigos de los gobernantes de turno.
Los anti comunitarios, que es lo mismo decir anti peruanos, celebraban también su “espacio-tiempo-histórico” de la infamia, convencidos que el decreto “liquidaba” la “vergüenza del país”: las comunidades de “indios”, para “modernizar el Perú” y ponerlo a tono con el salvajismo del sistema norteamericano, en donde el dinero vale más que la vida, o, la hipocresía europea: decir lo que no hacen y hacer lo que no dicen.
Así mismo, el mundo ha sido testigo, de cómo, pueblos decididos (como las comunidades amazónicas) a defender sus intereses colectivos, en donde subyacen sus recuerdos y su esperanzas (la posesión de la tierra se traduce siempre en redención con dignidad), son capaces de hacer retroceder la arrogancia neo liberal, de quienes quieren imponernos recetas caducas del libre mercado, que ahora mismo gime por el debacle de su métodos inhumanos, que glorifica “el desarrollo” material sin principios éticos, a favor de una élite minúscula, a costa de millones de hambrientos del planeta.
En ese contexto, los últimos acontecimientos acaecidos en la comunidad de San Juan de Pararín, comprensión de la Provincia de Recuay, Departamento de Ancash, Gran Región Chavín (Perú) invasión de sus tierras por extraños, alentados por elementos anticomunitarios, primero, recuperación de las mismas por acción rápida y coordinada de los propios comuneros, desobedeciendo incluso las directivas de sus dirigentes comunales que apostaban por una solución “legal” (con juicios onerosos y costosos, para desalojar a los invasores, etc.) luego, es una acción que obliga a reflexión.
No hay campo de batalla en el Perú que no esté teñido de superstición y coraje de los comuneros, luchando por sus tierras y no por dios ni por la patria. Los comuneros han muerto, mueren y morirán siempre por la tierra, incluso, a lo mejor, mueran de cólera, de dolor, de decepción (la mayoría de los campesinos votaron por el Sr. García por su promesa de “Sierra Exportadora” y ahora pretende privarlos de sus tierras), de tristeza por los arrebatos injustos de sus patrimonios colectivos, pero nunca por el contaminado y contaminante desecho del dinero. Las comunidades son conscientes de que solo la posesión de la tierra hace surgir dioses y patrias.
El eterno problema entre el individualismo y el colectivismo, vuelve a plantearse en la defensa de las propiedades comunales como fuente de riqueza colectiva. Las comunidades andinas y amazónicas, basadas en la solidaridad y compartimentación de los bienes, comprenden que un “progreso” material sin principios éticos, ni morales, son castillos en el aire, y que la pobreza material es superable manteniendo la propiedad de la tierra y el control del agua; por eso, ellos optan por la producción, primero, y por la distribución, después.
La Comunidad de San Juan de Pararín, al defender sus tierras, desde el día 25 de Octubre del presente año, lo hace primeramente, en defensa del derecho a la existencia. Por eso, cuando todo parecía estar infestado por el individualismo, la codicia y el pillaje de grupúsculos anti comunitarios que nutren la corrupción y las mafias; los comuneros de adentro y de afuera, al ver a gente extraña apoderándose de sus tierras junto a las playas plácidas, sonajadas por encrespadas olas del Océano Pacífico, al borde de la panamericana norte, larga arteria internacional que se tensa como una cuerda de notas ignotas y tangibles desde Chile, hasta Norte América (pasando por el istmo de Panamá), han apoyado inmediatamente a los Reivindicadores, quienes, tras expulsar a los invasores, se posesionaron de las tierras de sus mayores; y, como nunca antes, comuneros e hijos de comuneros, residentes en diferentes lugares del país y del extranjero, como si de repente la Comunidad hubiese sufrido una calamidad, se han hecho presentes con solidaridades concretas: donando alimentos, frazadas, esteras, palos, plásticos, baterías para linternas de manos, petromax, bidones para agua, relevando a los paisanos en turnos de cuatro días, etc, etc, fue como si de repente todo el mundo comprendiera que la mejor manera de hacer por uno mismo, es haciendo por los demás. Así lo entendió el Alcalde de la Provincia de Recuay, al visitar a los reivindicadotes pararinos, Pararin es la única salida al mar de la Provincia y había que defenderlo; lo mismo pensó el empresario Dn. Policarpo Gilio Dolores, dueño de la Empresa Walon Sport, apoyando a los Reivindicadores, con la convicción de que lo que están haciendo, no es solo defensa de la tierra, sino también la dignidad de los hijos de los comuneros reflejada en empresarios con conciencia nacional…
La Comunidad de San Juan Pararín, cuya capital se encuentra ubicada en la Cordillera Cisandina Occidental, a 3,000 metros sobre el nivel del mar, es considera solo como una comunidad andina, sin embargo, las tierras defendidas actualmente están ubicadas a 20 minutos de la Ciudad de Paramonga (ex hacienda), a 250 Kms hacia el norte, del centro mismo de la Capital de la República. La Comunidad cuenta con 1251 habitantes, según el último censo nacional, es el Distrito – Comunidad, más grande de la Provincia de Recuay que abarca los Andes, los valles y termina en el litoral, teniendo como vecinos inmediatos a las ciudades de Paramonga, Pativilca y Huarmey.
Ahora bien, la verdadera defensa de las tierras comunales (no solo de Pararín sino de todas las comunidades andinas y amazónicas) no consiste sólo en ocuparlas, sino, haciéndolas productivas, como propone el Frente de Defensa de los Intereses de Pararín – FRENDEINPA- (organización que alberga en su seno a los hijos más conscientes y consecuentes de la Comunidad y que desde el primer momento ha estado al lado de los defensores del patrimonio comunal). En tal virtud, se viene insistiendo en la necesidad formar y fomentar Empresas Comunales Autogestionarias, pero, manteniendo el carácter comunitario (no igualitario) con respeto a la naturaleza y la convivencia civilizada.
Las tierras defendidas por la Comunidad de San Juan de Pararín, son aptas para todo tipo de cultivos y crianza de animales diversos. Además, por estar junto al mar, son idóneas para instaurar el turismo vivencial, etc, que se hará, superando el rechinante modelo del individualismo que conduce a la corrupción y la avaricia, poniendo más bien en práctica, la reserva cultural dejada por los Incas: la Mita, la Minca (ayuda recíproca) expresada en la filosofía andina de la Complementaridad de los opuestos.
Para organizar las Empresas Comunales Autogestionarias, recurriremos a la solidaridad (en calidad de préstamos, no como donaciones) de peruanos con criterios nacionalistas. Invitamos desde ya a los peruanos y amigos del Perú, hacerse ahorristas de la Cooperativa del Milenio Perú ante el Mundo de Dinamarca; y su política humanitaria, de convertir a sus socios ahorristas en empresarios; partícipes de las Empresas Comunales Autogestionarias, cuyas acciones o intereses dependerán del volumen de sus ahorros invertidos en cada proyecto. Se trata de forjar o generar nuevos tipos de empresas basadas en la solidaridad y no solo en la fría y demencial usura capitalista.
La idea es invertir los ahorros de nuestros socios en la construcción de reservorios de agua, de hoteles para el turismo vivencial, piscinas rodeadas de árboles frutales, para ofrecer nuestros amigos nacionales e internacionales, unas vacaciones reconstituyentes disfrutando de las playas, la pesca y otras actividades, propiciando al mismo tiempo, ocupación en servicios múltiples a los hermanos comuneros y amigos de Pararín. Lo que se hace en una Comunidad, termina repercutiendo, por ósmosis, en otras comunidades. De ahí que defender las comunidades andinas y amazónicas, generando Empresas Comuneras Autogentionarias, es defender el patrimonio cultural de la humanidad. Las Empresas Comunales Autogestionarias, financiadas por los ahorros de los peruanos en el extranjero, se convertirá en la marca registra del progreso sostenido que nuestro país espera. La solidaridad con las comunidades andinas y amazónicas que actualmente defiende sus tierras ancestrales, es una forma de chocolatada solidaria, navideña.
II
La historia andina comienza con la conjunción copulativa de la complementariedad de los opuestos macho-hembra (Manco Cápac y Mama Ocllo), con la dualidad pensamiento-sentimiento como trago de cañazo fuerte con aurífera mirada de generosidad.
La Comunidad es la discreta enseñanza del llamado de los colores más ácidos para endulzar la tolerancia poética en los Ayllus como expresión de amor.
Los comuneros se organizan para el trabajo, la vida y la muerte, pero nunca para la agresión ni el despojo a los otros.
La Comunidad es susurro de colibrí amamantada por cantutas sutiles o aliento socrático de humildad como grandeza, antes que la arrogancia hedónica del individualismo estéril.
La Comunidad es la configuración del tiempo para la solidaridad, la seducción del recuerdo que genera pasión como esperanza, y es fascinación de los caminos como reflejos palpitantes de dignidad.
Por eso es preciso defender su estremecedora inocencia, con palabras como puños. Cuidar la humedad de su silencio tejido de honestidad religiosa. Preservar la sólida memoria de la solidaridad sin lástimas, como partitura de sol multiplicando sonrisas en sementaras de justicia con paz.
Las fiestas comunitarias son fermentos abiertos y despeinados de la inocencia, donde cada quien se busca la alegría que se merece. En donde todo es de nosotros, la avaricia pierde los dientes en cada mordisco egoísta.
Yo descubrí mi comunidad en mi abuela y, a mi madre, en mi sangre caminante. Y buscando y buscando a mi padre lo encontré un día escuchando mensajes de sus mayores, en las chullpas de Pilapampa (meseta u observatorio pre inca, con muchos residuos arqueológicos, ubicado en la Comunidad), o leyendo en las fosforescencias de los huesos, mensajes como paradigmas de un pasado llamando al futuro desde el misterioso Patzapashimin y sus bemoles de silencios armonizando la coherencia de la unidad en la diversidad y la diversidad a la unidad.
La Comunidad es la poesía de la naturaleza, la libertad del hombre sin historia, incluso, la historia del hombre y su libertad entonando loas de luz al macrocosmos, desde el microcosmos que se endulza en los besos y las carnes del tiempo.
Cuenta Bancaria
Cooperativa del Milenio Perú Ante el Mundo-Dinamarca
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Luego de un año de ahorrista en nuestra Cooperativa, puede solicitar y adquirir un préstamo por el triple de sus ahorros acumulados en la Cooperativa.
RÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.
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