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Es una ruindad la explotación del hombre por el hombre. Pero poco se ha dicho de la explotación de un muerto por dos vivos. Fue imperdonable que se asesinara a Jorge Rodríguez, dirigente de la Liga Socialista, el 25 de julio de 1976. Lo asesinaron unos esbirros a golpes, de la manera más indigna y más opuesta a todo lo que debía representar el gobierno de entonces. Tanto el entonces Presidente de la República como su Ministro de Relaciones Interiores, sabían lo que es la persecución política, porque la padecieron en forma directa entre 1948 y 1958. Nada justifica que hayan permitido que la DISIP torturara y matara gente, por muy subversiva que fuera la prédica de esa gente. Esa tenía que ser la diferencia entre la democracia y la antidemocracia. Pero tampoco se justifica que todos los demás, los que nada tuvimos que ver con el asesinato de Rodríguez o la persecución abusiva de otros, tengamos que pagar por ese crimen. Ni que haya quienes exploten esa muerte y obliguen a la sociedad a pagarles a ellos una deuda impagable. Y hay que decirlo sin dudas. Dos Vicepresidentes del gobierno de Chávez han sido, desde el instante en que los bárbaros de la DISIP asesinaron a Jorge Rodríguez, los usufructuarios de esa muerte. Uno de ellos tiene razones válidas para estar resentido con la vida por aquel crimen, pero el otro lo que hace, simplemente, es vivir de los muertos. Como también de los vivos. El que tiene razones válidas, si también tuviera algo de grandeza ya debería haber dejado atrás su trauma. Y el que no las tiene debería entender que ha abusado de su suerte. Ambos abusan de ese cobro que consideran, por lo visto, ilimitado. Y no les pasan factura sólo a quienes asesinaron a Rodríguez ni a quienes permitieron, por omisión, el crimen, sino a todo el pueblo venezolano, que ya ha tenido que pagar demasiado por algo que ni hizo ni aprobó. ¿Hasta cuándo seguirán presentando al cobro ese pagaré? ¡Cuándo llegará el día en que no se produzcan esos abusos policiales y otros abusos militares! Ojalá que, cuando por fin salgamos de la pesadilla que hoy agota a Venezuela, salgamos también de las armas, de las policías políticas y de las tales "fuerzas armadas" y de quienes se aprovechan de la fuerza bruta. ¡Que vivan los estudiantes!
29/07/2007
Steppenwof:
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