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Gracias a mi amistad, ya cincuentenaria, con Vicente Lecuna Torres, he podido leer las Memorias de su abuelo, el Doctor Gumersindo Torres, editadas por la Presidencia de la República cuando la República era todavía algo respetable. Desafortunadamente, como suele suceder con esas ediciones, no llegó al público, y sólo un número muy limitado de personas hemos podido ver ese documento, que debería ser conocido por todo el que sepa leer en el país.
Porque, como lo afirma en su magnífico prólogo Elías Pino Iturrieta, Gumersindo Torres fue un funcionario incorruptible, uno de los mejores y más honrados funcionarios que ha tenido el Estado venezolano en sus ya casi dos siglos de existencia. Comparable a Cristóbal Mendoza, José María Vargas, Pedro Gual, Rafael Vegas o Fidel Rotondaro, entre otros. Nació en Coro en enero de 1875 y estudió medicina. Luego de ejercer su profesión por algún tiempo, entró a trabajar en el gobierno del general Juan Vicente Gómez, que con su sabio ojo de campesino lo detectó y lo distinguió casi desde el primer momento, y lo nombró nada menos que Ministro de Fomento en 1917, cuando todo lo relativo al petróleo dependía del Ministerio de Fomento. Emprendió una verdadera cruzada a favor del nacionalismo petrolero bien entendido, sin exageraciones ni posiciones absurdas. Ganó algunas batallas, perdió otras, pero finalmente ganó la guerra que había emprendido. Al General Gómez, en las Memorias, lo respeta y lo aprecia. Aprecia sobre todo su innata sabiduría, que le permite saber a ciencia cierta qué puede esperar de cada quién. Le critica su avidez por las riquezas materiales y su descaro en el uso del poder para adquirirlas, tal como la avidez y el descaro de sus familiares.
En lo personal me impresionaron muchas de las cosas que cuenta de su paso por diversas oficinas públicas, en las que verificó la capacidad de los seres humanos para trampear, para robar, para fingir, y cómo suelen triunfar en sus fechorías. Algo que yo experimenté también en mis casi tres décadas de trabajo en diversos gobiernos, y que hoy veo a diestra y siniestra, no sólo en los altos jefes o en los empleados públicos, sino en particulares que se aprovechan de la corrupción general para llevarse sus buenas tajadas. Algo que habría horrorizado al Doctor Torres.
A López Contreras le admira su capacidad se seguir las líneas que había trazado Gómez, en tanto que Medina Angarita no lo impresionó bien, no sólo porque como Ministro de Defensa se negó a rendir cuentas de su gestión ante la Contraloría General de la República (cuyo fundador fue el Doctor Torres), sino porque en 1945 no dio la talla y fue derrocado. Y por cierto, la posición del Doctor Torres ante la “Revolución de Octubre” del 45 es sorprendente: la elogia y la considera necesaria. Admira en el joven Rómulo Betancourt su honestidad y su capacidad para entender el país. Y sólo critica los dos manchones de aquel régimen, a los cuales, por cierto, se opuso Betancourt: los Juicios de Responsabilidad Civil, que generaron grandes injusticias, y el famoso Decreto 321, con respecto al cual afirma que la oposición fue absolutamente incapaz de darse cuenta de que, lejos de perjudicar a los colegios religiosos y particulares, los favorecía.
El Doctor Gumersindo Torres murió en julio de 1947. Debería haber una plaza con su nombre y una avenida Gumersindo Torres en cada capital de Estado y en cada ciudad más o menos respetable, para que la gente se diera cuenta de que no es justo ni hermoso que la corrupción se tolere, y hasta se premie, como ocurre en Venezuela a pesar de Gumersindo Torres y un puñado de incorruptibles que ha pasado por la administración de gobierno, y que deberían ser ejemplos, no excepciones.
11/9/2007
Gonzalo:
Muchísimas gracias, José Alberto, por su interesante y oportuno comentario y en especial por el deseo que expresa en la parte fnal, que, más que deseo, es una expresión de esperanza.
El pròximo 23 de abril 2008 a las 5:30 pm estoy dictando una charla en el Colegio de Ingeniero de Venezuela sobre La Faja Petrolifera del Orinoco: Historia y Geopolìtica,en la cual presento dos làminas sobre el Dr. Gumersindo Torres, quien fuè un extraordinario Venezolano. Està cordialmente invitado.
Ing. Dorgelis Alcocer
Vicente:
Estoy preparando un trabajo sobre la biografia del Sr. Gumercindo Torres y me gustaría saber donde puedo conseguir una copia de ese ejemplar. 
Sr. Bustamante:
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