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(Apostilla para Eduardo Casanova)

En verdad a mi, mi querido Eduardo, también me pasó igual a ti. Leer La búsqueda del tiempo perdido fue para mi ocupación de mucho tiempo, llena de dificultades, tantas como es densa y a veces árida esta novela impar. Mis primeros intentos por leerla, porque era para mi imposible pasármela como estudiante de Letras en mi primer intento, como estudioso de la literatura y como crÃtico literario sin leer La búsqueda… la obra esencial de uno de los cuatro grandes escritores del siglo XX. Los otros son Franz Kafka, James Joyce y William Faulkner. Y muy posiblemente, como el quinto, Thomas Mann por La montaña mágica y La muerte en Venecia. Siguiendo la enumeración creemos que las obras a leer de cada uno son La metamorfosis, El castillo y El proceso en el caso del checo; el Ulises del dublinés y Absalón, Absalón del sureño norteamericao, sólo que en su caso es siempre difÃcil escoger un solo libro porque Santuario, Mientras agonizo y El sonido y la furia son ejemplares y porque todo el conjunto de su hacer es todo un universo, un mundo, como aquel condado imaginario por él inventado en donde transcurren sus ficciones. Pero Proust los encabeza a todos.
Como fue tu caso mi primer intento de lectura de la novela de Proust resultó frustrado por las dificultades ante las que me encontré, fue hecho en 1970, me recuerdo sentado en la sala de actos de la Asociación Venezolana de Escritores, en donde trabajaba, batallando cada mañana un rato con el primer tomo. Pero en aquel momento leer La búsqueda… no pudo ser posible como tampoco logró serlo en cada uno de los intentos hechos a través del tiempo. Lo yermo de La búsqueda… me detenÃa, pese a tener al lado devoradores de libros como mi amiga la escritora Lidia Rebrij que habÃa leÃdo La búsqueda… con fruición pese a confesarme siempre que la dificultades estaban en la sequedad de los muy largos pasajes de la novela. PodÃa sucederle al lector, como a mi me pasó, leer doscientas páginas seguidas y encontrar que los personajes seguÃan aun conversando en el mismo rincón de la sala en donde estaban al comienzo de esa parte del volumen que tenÃamos en nuestras manos.
Pero tenÃa que leer La búsqueda… integra. Hice varios intentos y no lograba finalizar el primer tomo. Vi una pelÃcula francesa, por cierto muy mala, sobre los amores Swam, para tratar de estimularme y no logré nada. A la salida del cine me encontré con otra amiga, fascinada siempre por Proust, la poeta Yolanda Pantin. Fue entonces, cuando ya pasaba el año 2000 cuando tracé la estrategia que me llevó a la lectura completa de La búsqueda… Esta es la confidencia que te hago en esta cuartilla. Quizá sirva para alentar y estimular a futuros lectores de los siete tomos que tiene este libro sin igual.
Fue asà como en 2002 decidà una estrategia: leerÃa cada año un tomo hasta lograr terminar todo el ciclo, los leerÃa sin preocuparme cuanto tiempo me llevarÃa hacerlo. De hecho costó varios años. Pero además todo formaba parte de un plan: cada dÃa leerÃa durante una hora, con un reloj enfrente de mi sillón de lectura, ello me permitirÃa, y asà fue, poder enfrentarme a las dificultades. De hecho la estrategia de leer una hora cada dÃa ciertos libros muy difÃciles ya la habÃa puesto en práctica antes. Fue ella la que me permitió leer libros tercos de entregarse a los lectores. Lo habÃa hecho antes con Paradiso de José Lezama Lima, que tenÃa décadas tratando de entrarle, incluso con el Fausto de Goethe o el Ulises de Joyce para el cual conté con las magnÃficas traducciones del español José MarÃa Valverde, cuyas versiones son siempre impecables, tanto como aquellas que de las lenguas latinas que ha hecho el también español Angel Crespo al verter a Petrarca, a Pessoa y a ese milagro de la lengua que es el Gran Serton: veredas del brazileño Joao Guiamraes Rosa.
Asà lo hice con Proust a partir del 12 de febrero de 2002, le fecha está escrita sobre el volumen utilizado. A ello me ayudó en parte la nueva traducción de la obra de Proust, A la búsqueda del tiempo perdido, del erudito proustiano hispano Mauro Armiño. En el primer están Por la parte de Swann y A la sombra de las muchachas en flor, fue hecha traduciendo de nuevo La búsqueda… pero no desde la ediciones de Gallimard como siempre se habÃa realizado sino desde los originales manuscritos de Proust los cuales por suerte habÃa adquirido la Biblioteca Nacional de ParÃs. Además la traducción de Armiño es una edición anotada cuidadosamente y tiene diversos añadidos, en el tomo primero, el único que hemos logrado encontrar en Caracas, que ayudan a la mejor comprensión de La búsqueda… Para el resto de los tomos utilicé la edición de Alianza Editorial (1966-1969), cuatro de cuyos volúmenes, del cuatro a siete, fueron vertidos al castellano por la impecable Consuelo Berges, gran conocedora y traductora de las eminencias de las letras galas como Stendhal. Asà fue que lo pude hacer.
Asà durante tres años, con calma, pausadamente, sin apuros, pude leer toda La búsqueda… Llegué al tomo siete, el último, el 6 de febrero de 2005. Cuando leà la última lÃnea de este volumen no sólo respiré hondo por el logro sino que me sentà alegre: habÃa leÃdo toda La búsqueda… Inmediatamente me senté en el computador y envié un e-mail a todos mis amigos y amigas contándole la hazaña cumplida, porque intelectualmente lo era. Es una forma de graduarse de lector. Asà fue mi queridÃsimo Eduardo.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA CrÃtico literario y autor de varios libros y de numerosÃsimas artÃculos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
para mi la lectura de la obra Proustiana me hizo ver al mundo en que me muevo desde otra òptica, una òptica mas sutil , irònica y compasiva
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