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Los ojos de Eurídice

26.08.08 | por Eduardo Casanova [mail] | Categorías: Cuentos, Venezuela

¡Maldito seas, Orfeo! Tu vanidad, tu soberbia, me han hecho perder para siempre a Euridice. Yo la esperaba entre sueños, sentía el aroma de su cabello, veía el encanto de sus ojos, que eran dos nubes llevadas levemente por la brisa. La miraba sin que ella se resistiera mientras te escuchábamos, mientras oíamos tu música que tanto tenía de montaña, de leve montaña, tan leve como esas nubes que eran los ojos de Euridice. Tañías la lira y todos nos dejábamos envolver por los sueños. Mis sueños eran los suyos, los de Euridice, y en ellos me encontraba con ella, solos los dos, y nos entregábamos a nuestros juegos de amor. Yo la oía suspirar y jadear muy cerca de mi rostro, una y otra vez, y muy lejos escuchábamos tu música. Eran notas perfectas, como perfecta era su sonrisa cuando me miraba y me daba las gracias por lo que acabábamos de vivir, tan cercano a la muerte. La muerte que llegó aquel día cuando, fugazmente arrepentida, quiso huir de mí y la maldita serpiente la mordió en el tobillo. Yo quedé paralizado. Convertido en un acantilado, en piedras en las que la brisa empezó a pintar rostros de musgo. Confié en ti, en tu magia, cuando te empeñaste en traerla de nuevo a nuestras colinas. Supe que habías bajado al infierno, al reino de los muertos, y que todo se detuvo, todo quedó como suspendido ante tu música. Supe que Tántalo dejó de comer y Sísifo dejó que la enorme piedra rodara cuesta abajo y se hundiera en las profundidades. Y los buitres dejaron de arrancarle las entrañas a Prometeo. Que Caronte dejó que sus remos descansaran y su bote navegara sin rumbo. Y el malvado Can Cerbero agachó la mirada para sentir las notas de tu lira. Y que Perséfone abogó ante Hades para que la bella Euridice volviera a la vida, contigo, con tu música. Sólo tenías que rehacer tu camino sin volver la mirada. Sin mirarla. Sin verla. Pero la soberbia, tu soberbia, pudo más que los ojos de Euridice, y cuando estaban ambos a punto de llegar a la boca de la cueva, la miraste, viste sus ojos que eran azules como estas nubes. Euridice, la bella Euridice, se convirtió en harapos, en una anciana espantosa que sólo conservaba de su antigua belleza la mirada. Esa mirada que por un suspiro se cruzó con tus malditos ojos de soberbia. Trataste en vano de regresar. Caronte se burló de ti y te hizo saber que nunca más podrías navegar por la laguna. Escuché de nuevo tu música cuando paseabas, cabizbajo, por el desierto, y supe que tu cuerpo fue descuartizado y las musas enterraron tu cabeza muy lejos de mí, solitario acantilado que sigue esperando un milagro que nunca será. De lejos, muy de lejos, escucho aún tus últimas palabras, el canto tristísimo que salió de tus labios cuando las musas mezclaron tus restos con la fértil tierra:

       Che farò senza Euridice?
       Dove andrò senza il mio ben?
       Euridice, o Dio, rispondi!
       Io son pure il tuo fedele.

       Euridice! Ah, non m´avanza
       più soccorso, più speranza
       ne dal mondo, ne dal ciel.

 

3 comentarios

Comentario De: alejo urdaneta [Visitante]
alejo urdanetaHaces una bella elegía en boca del pastor Aristeo, en la persecución de Euridice. En esta historia incluyes motivos diferentes de la mitología y los haces entrar en la peripecia de Orfeo y su amada. Tántalo y Sísfo perdieron sus excesos, el buitre se convirtió en blanda ciguüeña y liberó a Prometeo. Todos los mundos de la profundidad abrieron sus puertas para dejar salir a Euridice. El único pecado fue el de amar como lo hizo Orfeo, entregado a la desesperación por no aguardar el minuto final del encuentro.
Muy bella composición poética que pudiera asumir la forma del verso si el autor lo quisiera.
Felicito a Eduardo Casanova por esta muestra de escritor de calidad.
Alejo.
26.08.08 @ 12:28
Eduardo Casanova SucreGrazie tanti, Don Alejo. Escuchaba el "Orfeo" cuando sentí la necesidad de escribir este relato, ad imitatio Alejo Urdaneta. Ergo, hay mucho de tu mano en él...
26.08.08 @ 13:56
Comentario De: Gonzalo Palacios G. [Visitante]
Gonzalo Palacios G.Eduardo:
Parafraseando a Franklin Delano Roosevelt (?), lo único que debemos temer es el terror de algunos mitos. Te felicito y te admiro por tu audacia, Gonzalo Palacios G.
26.08.08 @ 13:57
de Eduardo Casanova

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