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| « La noche todavía | Alí Brett Martínez » |

Hace unos días escribí sobre la digna posición política de Eugenio Montejo, uno de nuestros poetas mayores, y mucha gente me ha enviado mensajes sobre el tema. Todos manifestando su respeto y su aprecio por Eugenio, y algunos señalando lo triste que es que algunos que se dicen poetas apoyen al teniente coronel Chávez Frías, militarista y fascista. Cada día más militarista y más fascista. Les llama la atención que pueda haber poetas fascistoides. ¿Por qué? Un poeta es un ser humano como cualquier otro, pasible de ser antidemocrático, oportunista, cruel y aberrado. ¿No lo fueron en la Italia fascista Gabriel D’Annunzio y Filippo Tommaso Marinetti? O en Estados Unidos Ezra Pound. O, peor aún porque es algo que sentimos más cercano, en España José Antonio Primo de Rivera (fundador de Falange), Dionisio Ridruejo, Gerardo Diego (que recibió el Premio Cervantes en la era democrática), Pedro Laín Entralgo, Manuel Machado (hermano de Antonio Machado), Eugenio D’Ors, José María Pemán, Eduardo Marquina y otros más. Varios de ellos dedicaron poemas a Franco, y más de uno fue un simple oportunista. ¿Qué de raro hay en que nueve o diez poetas o pseudopoetas venezolanos, algunos de ellos hasta buenos poetas, sean fascistoides? Conozco más de cien poetas venezolanos, de modo que el apoyo al régimen fascistoide por parte de poetas se limita, a lo sumo, a un diez por ciento. Y hay allí algún viejo comunista ortodoxo que difícilmente cambiaría, hay también adulantes profesionales, camaleones de toda la vida. Y de ellos, sólo tres o cuatro pueden llamarse poetas en propiedad. En todo caso, si creemos de verdad en la democracia, tenemos que aceptar que están en su derecho de apoyar a quien quieran apoyar, de hacer lo que quieran hacer, aun cuando a algunos nos dé tristeza pensar que gente que debía recorrer el camino de los sueños, acompañe a quien recorre el de la corrupción y el abuso, que es el mismo de la ineptitud que daña a los pueblos. Además, su obra poética no será juzgada por sus errores, por sus aberraciones políticas, sino por su calidad.
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