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El continuismo, el afán de reelección continua, es el verdadero problema de la política latinoamericana. Se inventan “ideologías” y “principios” seudo-trascendentales que no son sino excusas. Entre nosotros nada fue más nefasto que los segundos términos de Carlos Andrés Pérez y de Caldera. Y nada ha sido peor que el afán de reelección continua del teniente coronel golpista Chávez Frías. Todo se sacrifica al afán de los políticos de mantenerse en el poder. Desde luego que prohibir terminantemente la reelección, la repetición, como lo está en la Constitución de Honduras, parece algo positivo. Pero siempre surgen las trampas, las vivezas, como la de Mel Zelaya con el apoyo interesado de Chávez y su pandilla. De modo que esas prohibiciones no son sino barreras frágiles que pueden contener esos afanes por algún tiempo, pero no por mucho tiempo, y terminan, como en Honduras, por crear situaciones nada recomendables. Aunque se me acuse de iluso, estoy convencido de que la única solución está en privar a la política del placer que produce. Los políticos aspiran a gobernar, a mandar, y mandar y gobernar producen placer. El placer de la vanidad, el verse en el centro de la acción, adulados, envidiados, endiosados. Caldera y Carlos Andrés. Carlos Andrés y Caldera. Y, sobre todo, Chávez. Trajes que cuestan millones, relojes que cuestan millones, automóviles de lujo, escoltas, mujeres, aviones de súper lujo, sonrisas, flashes, cámaras de televisión, hoteles de cinco estrellas, placer, vanidad, vanidad, placer. El día en que ese placer desaparezca, el día en que se entienda la política como una verdadera vocación de servicio, ese día las cosas mejorarán en nuestra pobre América Latina golpeada por la vanidad de políticos que en realidad no tienen otra meta que ser líderes, ser estrellas. ¿Cómo hacer? Prohibir a muerte las escoltas, los privilegios, los lujos, y hasta eliminar la figura del presidente de la república, como se eliminó el Suiza, por ejemplo. Que en vez de presidente de la república haya un Consejo de Estado, de doce miembros, y que cada uno lo presida durante un mes, pero sin escoltas, sin hoteles de lujo, sin estrellas. Que sea un trabajo, un trabajo fuerte y hasta duro. Y que los Caldera, los Carlos Andrés, los Chávez, orienten sus inmensos egos hacia los escenarios como Michael Jackson, para que los pueblos se salven de sus narcisismos, de sus egolatrías y, sobre todo, especialmente en cuanto a Chávez se refiere, de sus abusos.
Nota: se ruega a los realistas abstenerse.
Eduardo: Estoy de acuerdo en eliminar la figura del Presidente...pero de verdad! Saludos, LBO
Ese afán de perpetuarse en el poder, con la excusa de ser un "mesías", pasa por varias etapas:
Luis:
Eduardo,
¡Nada mal! Eliminar la figura del Presidente....fantástico, un gran paso hacia una auténtica Democracia. Consejo de 12, con períodos delimitados para cada uno, sin privilegios ni escoltas: Servidores Públicos. Habría que añadir la eliminación de las Fuerzas Armadas: cero militares. Policia civil manejada por civiles! ¡Nada mal!
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