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En cualquier momento llega, y no sé cómo será; como un lento apagarse o un rasgado de recuerdos y un violento despertar por no querer dejarlo así.
La muerte.
No tengo nada qué decir, nada qué hacer. No he vivido y no viviré. Mi dedo señala hacia adelante, hacia arriba, hacia algún finito que no conocí, que no conoceré.
Dame la mano pero estoy solo. Aprieto con fuerza pero ya no tengo. Alza mi mano pero ya no es mía; no tengo nada.
Las voces son ondas inteligibles que cantan a diferentes frecuencias y no afinan. Quiero entender pero se van y regresan.
Es lento y me cuesta. Quiero decir; quiero decir que alejen esto de mí, pero balbucean melodías. Coros que están aquí pero no son de aquí. Voces de bocas que no tienen forma, que deforman sonidos, que vienen, que brillan. Ojos que ven y una lágrima que explota en mi cama. ¿Qué es ya una lágrima?
Es lento…
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