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Oswaldo Trejo nació en Ejido, a un paso de Mérida, en 1924. Murió, tal como Mariano Picón Salas, en Caracas y de noche. En una noche entre dos años, creo que entre 1997 y 1998. Lo conocí en 1956, en aquellos tiempos en que unos jóvenes, entre ellos María Antonia Frías, Beatriz Gerbasi, María Elena Coronil, Alonso Palacios, Antonio Padrón, yo y otros soñadores, nos reuníamos a oír música clásica y a hablar de literatura o de pintura o de filosofía, casi siempre en la casa de los Frías, en El Rosal. Pared por medio, se reunía el grupo de intelectuales que presidía Antonia Palacios, la madre de María Antonia, y uno de ellos era Oswaldo. Cuando nos vimos de nuevo, a comienzos de 1971, al regresar yo a Caracas después de haber pasado cuatro años en Argentina y tres en Dinamarca, me reconoció en el acto, y recordó que desde adolescente yo había tenido vocación de escritor. Oswaldo ya era un narrador consagrado. Para muchos, “Andén lejano” era su obra más importante, pero seguía en una búsqueda que lo llevó a un experimentalismo que muchos califican de estéril. En la Cancillería, era el jefe de la diplomacia bilateral en la Dirección de Política Exterior, y lo hacía con gran profesionalismo. En esos días cancillerescos hicimos ambos un experimento, el de escribir algo a partir de un expediente judicial que recibimos de Colombia. Se trataba de la matanza de los indios Cuhibas, y de allí salieron su “Textos de un texto con Teresas” y dos o tres fragmentos de algunas de mis novelas. Oswaldo era negado para las matemáticas, y cuando quiso que sus Teresas se reprodujeran no encontraba cómo. Me pidió que lo ayudara. Era una simple progresión aritmética y se la hice, y para mi gran sorpresa, la publicó tal como se la escribí, de modo que en su novela hay una página o dos que son mías. Siempre hablaba de su “tía Josefita”, que en realidad era un personaje de Mariano Picón Salas, y de tres tías solteronas que llamaba “las Trejo Díaz”. Y, por desgracia, también de él se puede decir que al morir no pasó nada. Publicaron una breve noticia, quizás con foto. Pero más nada. Venezuela no quiere conciencia. Y por eso tiene a Chávez y sus fascistas negadores de cultura. Y de la democracia.
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Gracias, Kira, por tu visita y tu comentario. En diciembre del 97 estaba yo en Mérida. Recuerdo vagamente haber visto la noticia en el periódico, pero, fíjate: no pasó nada. Oswaldo merecía, merece, mucho más, y claro que se le extraña. Se extraña su humor, su brillo, su talento para decir cosas interesantes en el momento preciso.
Sr. Casanova me gustaron mucho sus palabras, pero en pro del futuro no podemos dejarnos vencer ante la aversión cultural de los gobernantes de este país, estos seres procaces incapaces de valorar el arte o la cultura. Hay que continuar dando la lucha y aunque nos clausuren los espacios físicos nunca podrán callar nuestro intelecto...no creo vivir suficiente para oír algún reconocimiento al talento por parte de quien por ignorancia, ego o resentimiento no sabe o no quiere saber mas allá de su pequeño mundillo, pero aun asi nunca dejare que mis hijos cuando los tenga y los hijos de mis hijos olviden su nombre.
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