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Cuentan en la Biblia que David (1037-970 aC) era el hijo menor de Isaí de Belén, y que cuando los israelitas enfrentaron a los filisteos en el Valle de Elah un joven campesino fue a llevar comida para sus hermanos mayores, que estaban con el rey Saúl, y al oír que el gigante Goliat, un hombretón de tres metros de estatura protegido con una excelente armadura desafiaba a los israelitas a un enfrentamiento entre campeones, tuvo la audacia de decir que él vencería a Goliat. Saúl, no muy convencido, le permitió enfrentar al gigante, y el joven campesino, mediante la astucia y el uso de una piedra lanzada con una honda a la frente de su rival, lo derrotó y hasta le cortó la cabeza, con lo que inició su camino a convertirse en rey, en sucesor de Saúl. Goliat, el campeón de los filisteos, había nacido en Gath y pertenecía a la tribu de los Anakin o Neplhilin, adoradores de Baal, que eran todos de gran estatura. En su caso, era especialmente alto y fuerte, y aunque no haya medido tres metros, sí era mucho más alto que el adolescente y esmirriado David, poeta y soñador. Esa historia es una de las más interesantes de la Biblia, porque representa la posibilidad de los pequeños de derrotar a los fuertes, a los poderosos que tratan de aprovecharse de su fuerza bruta. Hoy, en el año 2009 de la Era Cristiana, en nuestra parte del mundo, parecería que hemos visto un nuevo caso en el que un David ha vencido a un Goliat. El David es el pueblo de Honduras, y el Goliat es la coalición ventajista y brutal de Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa, Ortega, Insulza, Obama, la OEA, la Unión Europea y quién sabe cuántos más que se empeñaron en reponer al demagogo Zelaya en la presidencia del pequeño país centroamericano. Lo de Honduras ha debido quedarse en un problema doméstico de los hondureños: Un Presidente con legitimidad de origen, alentado por Chávez y su pandilla, trató de dar un golpe de estado, y los poderes legítimos de su país se lo impidieron sin salirse un ápice de las leyes vigentes. Lamentablemente los militares sí se salieron del marco legal, y, en vez de apoyar la acción de las autoridades legítimas, empastelaron todo al sacar del país el Presidente depuesto, que tendría que haber ido a la cárcel a responder por sus exacciones, pero fue sacado a la macha de Honduras por los militares que convirtieron así la acción de defensa de la democracia en algo muy parecido a un golpe, con lo cual se inició una verdadera tragedia de equivocaciones. Los gorilas internacionales del Alba, OEA, USA, etcétera, pusieron todo el peso de sus poderes en la balanza para reponer a Zelaya, pero las autoridades legítimas hondureñas lo impidieron, y siguieron adelante con su plan de hacer unas elecciones para poner fin al proceso. Los gorilones de Chávez y compañía, inexplicablemente, lograron apoyos que no deberían haber sido, y pareció que iban a imponer sus abusos. Pero los hondureños resistieron, y Zelaya y los suyos, con errores inexcusables, terminaron por suicidarse en primavera. Todo indica que el final está cerca, el pueblo de Honduras va a salir adelante en un proceso electoral y el tal Zelaya va a quedar asilado, aislado, exilado o preso, que es algo que se ganó por seguir los pésimos consejos del gobernante militar de Venezuela, que es el otro gran derrotado, el trasero de Goliat en ese proceso. Inclemente, la justicia del tiempo que empieza, por fin, a funcionar.
Estimado Eduardo: En la pandilla que representa a Goliat en tu artículo te falto el alcahuete de Rodríguez Zapatero y su ministro de alcoba Miguel Ángel Moratinos.
Nuestro problema, es el mal que nos afecta llamada,"Corrupción", mi querido Eduardo.
esta mui bonita esta historia yo al leer este cuento aprendi muchas cosas como mas vale maña que fuerza
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