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Psicosis

11.01.08 | por Alejo Urdaneta [mail] | Categorías: Cuentos, Colaboradores, Alejo Urdaneta, Venezuela
(“No es la primera vez que me sucede encontrarme frente al desconocimiento de mi propia imagen”).
Conde de Lautréamont: CANTOS DE MALDOROR

Su pasión era la literatura romántica, especialmente la alemana del siglo XIX: Hoffmann, Novalis y su flor azul; autores de ese espíritu llenaban su interés, y los temas preferidos eran las fuentes de luminosos surtidores en noches de luna, corceles ligeros que perseguían a las doncellas hasta el borde de castillos misteriosos. Toda alegoría le producía exultación, lo llevaba más allá del alcance de la razón; significaban para él la más alta expresión de la belleza casi divina.
Leía las partituras y escuchaba la música de los románticos; prefería a los impresionistas, por su extrema delicadeza para decir el amor; lo enternecía el episodio de Emma Bardac, víctima del asedio de Claude Debussy, en la espera del advenimiento de su hija mimada, Chou Chou. Cada día exacerbaba su pasión absoluta todo lo que fuese romanticismo, y lo buscaba ya en el escorzo del sentimiento amoroso, ya en el tono de Wagner en Tristán e Isolda, que lo dejaba en estado de gran excitación; o de Mahler o Scriabin, que representaban el colmo de los sentimientos apasionados. La cima de su éxtasis estaba en las representaciones exaltadas de escritores y artistas del romanticismo. Había copiado la vestimenta de sus héroes: se cubría con una capa adornada con destellos inexplicables y usaba amplio sombrero; y con ese atuendo llegaba a la tertulia literario-filosófica donde se hablaba hasta la alta noche de esos temas. Era la belleza sin dolor lo que buscaba; no sentía la atracción por Lautréamont y rehuía por la misma razón al lóbrego Poe. Ambos le inspiraban el temor de la muerte, por sus poemas y relatos oscuros y de locura. Esa literatura ambigua y de terror no convenía a su espíritu delicado y romántico.
Una noche en el Café trataron los temas de siempre: la pasión inalcanzable de Orfeo en la espera de Euridice, las grutas que guardan secretos de duendes, hadas que brindan collares de luna, la música preferida. Alguno de los tertuliantes sugirió el tema y pronto hablaron del Conde de Lautréamont y sus Cantos de Maldoror, no obstante su prudente reticencia. Le producía extraña confusión la obra: la despersonalización, el temor de perder la identidad, el doble representado en la sombra intrusa: “la palma del mal” aterrorizaba al poeta que había luchado con su propia sombra y se hallaba dividido en dos seres irreconciliables. Lautréamont debía vencer a la sombra y ésta lo imitaba. Cuando el poeta decidió romper el espejo encontró su propia efigie. Ese tema de Los Cantos de Maldoror del Conde de Leatréamont sacudía la tranquilidad de espíritu y dejaba al tertuliante en estado de zozobra incontenible: Lautréamont - l’ autre monde – era más que literatura.
Se despidió muy alterado. Al llegar al portal tuvo la impresión de la noche, del silencio lluvioso de la calle solitaria, y lo dominó una intuición inesperada para crearle pánico como nunca antes había sentido después de las tertulias artísticas. Sintió miedo de las sombras que surgían de las esquinas: un gato, el reflejo de un débil farol, el murmullo nocturno, y trató de refugiarse en otros pensamientos distintos de los que sugirió la velada. Evocó la música preferida y recordó los pozos encantados y las estatuas de mármol de los relatos alemanes. Quiso comprender el sentido de su miedo, que no venía esa noche en las mordientes angustias de amores románticos ni en la armonía de las sonatas de piano, sino en la presencia de una figura informe y grotesca, agazapada en abrigo de inmundicias. Y ocultos en tanta fealdad, el puñal agresor y la palabra soez.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

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1 comentario

Comentario De: Coral Arenas [Visitante] Correo electrónico
Coral  ArenasDe manera siempre hermosa, poética y profunda, Alejo Urdaneta trabaja ahora con Psiqué, con esa mariposa que se mueve constantemente, como la mente misma, siempre cambiante. El personaje descrito por Urdaneta está atado indefectiblemente a belleza como tabla de salvación, que redime a toda la sordidez circundante. Sin embargo, Goethe, Schiller o Werther, abanderados del Sturm und Drang (Tormento y Stress ) comienzan a romper la armonía reinante con esa manera sufriente de escribir, poniendo más énfasis en las dificultades de la vida y colocando a la muerte como principio romántico. En el alero del sombrero de romanticismo mágico no hay sitio para lo ominoso, pero sabemos que, a tanto brillo, corresponde una cantidad idéntica de sombra, capaz de devorar al que la proyecta tras sus pasos, ignorándola. La única forma de conjurarla y de exorcizarla es agarrándola por los cuernos y verla frente a frente. Sólo así, aprehendiéndola y domeñándola, se puede evitar (sólo en parte) evitar que sea ella la quien gobierne nuestra existencia. Urdaneta nos recuerda que todos, sin excepción, llevamos tras nuestras espaldas a ése y a otros seres despreciables y temibles. Pero para ganar esta lucha permanente entre nuestras partes luminosas con las más tenebrosas, hay que hurgar en lo sombrío, ensuciarse la camisa, los brazos y las manos, para asir a los monstruos, atarlos y dominarlos. De lo contrario, serán ellos quienes nos lleven a la desintegración, haciéndonos sentir ajenos a nosotros mismos y habitados por otros que ven y que actúan sin contacto con el mundo real, colocados y escondidos dentro de nuestro estuche de carne, la parte visible del alma, hablando con nuestros propios labios y con nuestro mismo tono de voz.
Nadie como Urdaneta, romántico irredento y empedernido, para ahondar con arma punzante, certera pero límpida, "Los Cantos... ", siempre grotescos. Todos, aunados, hacen una conjunción de realidades inconexas, dislocadas y contradictorias. El mundo deja de ser bello para resultar aterrador. Nuestro personaje central hace un salto cuántico y comienza a dividirse innúmeras veces, dando sus primeros pasos en l´autre monde. La sombra, agazapada en su interior, comienza a manifestarse. Desde ese ser puro, hermoso, armónico y bello, comienzan a salir los demonios. Los propios, los ignotos. Ya no hay tiempo para conocerlos, para atarlos y para controlarlos. Y ahora la gran pregunta es: ¿ Y quién es él ? ¿ El bueno, el hermoso, el perfecto ? ¿ O acaso el que alucina monstruos, vomita babas negras, maldiciendo a la naturaleza ?. ¿ Cómo unir sus dos partes ? ¿ Cuál es la real y cuál la que acaba de descubrir ?.
El terror a la locura lo paraliza. Y, al intentar verse en un espejo, soñando con encontrar de reojo al intruso, se topa con su propia imagen. Es igual, pero invertida, en la que el bien y el mal se amalgaman y conforman las dos caras de una misma moneda. Enajenado, lejos y desprendido de su antigua naturaleza armónica, huye despavorido. Sale del paraíso para ingresar al infierno. Ángeles rojos y voraces lo rodean y lo inocuo se torna letal. Recorre con su mente parajes hermosos, pero sus ojos ya no pueden verlos ni disfrutarlos. El “ Gran Objeto Externo “ hace su epifanía y ya no hay vuelta atrás. El romántico sufrir se transforma en un terror sordo al silencio, a la nada. Incluso tratando este tema agobiante, Alejandro Urdaneta logra pintar la psicosis como una salida, como una manera distinta de vivir. Con frecuencia, resulta más sano enloquecer que morir en vida al intentar adaptarse al mundo cotidiano, real e insano que, en ocasiones puede resultar aún más atemorizante y amenazante que la demencia misma. No obstante, Urdaneta nos cuenta que la sombra finalmente posee a su personaje y se lo devora lentamente. Está partido en dos, en tres y luego en cien jirones. Su cuerpo es un lienzo deshilachado. Ya no hay costuras que unan lo roto. Ya él no es él, sino unos otros inconexos, alojados dentro de un único cuerpo, y acinados debajo de una misma piel.
12.01.08 @ 01:56
de Eduardo Casanova

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