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No cierra bien el 2008, a pesar de las locuras del teniente coronel, que deberían significar su pronto fin, ¡por fin!… El teniente coronel tuvo en 1998 un golpe de suerte, sólo comparable al de mala suerte que tuvo Venezuela. Los principales partidos políticos, Acción Democrática, Copei y el MAS estaban literalmente podridos. Habían caído en manos de los peores y, a pesar de que Venezuela parecía un país riquísimo, era tan pobre como cualquiera de los países más pobres del mundo. La riqueza petrolera se iba tan rápido como llegaba, y en definitiva el petróleo venezolano enriquecía a banqueros y negociantes de Estados Unidos, Europa y quizás Japón. La corrupción campeaba y, en general, la población sostenía que todos los políticos eran ejemplos, pero de corrupción. El teniente coronel ofreció acabar con ese estado de cosas, y la mayoría de los venezolanos le creyó. El resultado está a la vista: hoy Venezuela es más pobre que en 1998, a pesar de que en el lapso en que el teniente coronel ha sido gobierno, el país ha recibido ingresos enormes, superiores a los que había recibido hasta 1998. En lugar de invertir en Venezuela, el teniente coronel ha invertido en comprar voluntades en el extranjero, y buena parte de los ingresos se han ido en una corrupción peor que la que había existido en toda la historia previa del país. Tanta es la corrupción que ha cegado al teniente coronel y a sus seguidores y los ha convencido de que dominan una situación que en realidad los domina a ellos. Y para el 2012 se le presenta a Venezuela una situación parecida a la que existía en 1998: los partidos políticos podridos y la gente desesperada en busca de una solución. Lamentablemente, no se puede ser optimista. Los partidarios de la democracia no presentan una oferta realmente atractiva. Hoy en día son gobierno regional en Zulia, en Nueva Esparta, en Miranda, en partes de Caracas y en Táchira. Pero ninguno de los que ejerce esas funciones parece ofrecer nada realmente positivo para el porvenir. Todos son como pequeños, como incapaces de presentar un proyecto verdaderamente atractivo. Dos de ellos, Capriles Radonsky y Ledezma, llegaron a sus cargos porque los verdaderos candidatos fueron eliminados por una maniobra sucia del gobierno. Pérez, el de Zulia, llegó porque lo puso allí el que ejerce cierto cacicazgo en la región, pero que ya demostró que le falta mucho para conquistar el poder en el país. El de Nueva Esparta sólo existe en Nueva Esparta y el del Táchira llegó boqueando y es obvio que de ahí no pasa. Ocariz sí llegó a punta de trabajo, pero no parecería que pueda pasar de allí, tal como el de Chacao y la de El Hatillo. Las primeras muestras que han dado los suplentes, Capriles Radosnsky y Ledezma, son como para echarse a llorar, “Pico y Plata” y bequitas, demagogia pura y simple. Piruetas y debilidad. Y los partidos siguen boqueando y demostrando que no entienden la realidad. La realidad exige proyectos concretos, ideas novedosas, capacidad, originalidad. No pañitos calientes ni bequitas ni ideas copiadas de las ideas demagógicas del teniente coronel. Lamentablemente, hay que seguir esperando. Ojalá que en el horizonte aparezca alguna luz, no una luz individual, sino una que nazca de muchas antorchas, de muchas manos, de muchas cabezas, y que sea capaz de opacar la luz perversa del teniente coronel y los suyos. Sólo así podremos pensar que hay futuro. Que el presente no va a terminar por aplastarnos a todos.
COJOS, CIEGOS Y SORDOS: cualquier otra cosa es creer en pajarito preñado. Comenzamos un nuevo año, no nos dejemos engañar más y tratemos de evitar que los chavistas lo sigan haciendo. Diez años ha durado la masturbación económica del país en las manos del dictraidor Chávez. El resultado ha sido lo que se podía esperar: el placer solitario, estéril y antisocial de un psicópata.
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