Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.
| « El Discreto Encanto de la Democracia | Melodrama vs programa de partido El día que me quieras » |
En esta última entrega de VENEZUELA XXI: La Revolución de la Estupidez, Gonzalo Palacios Galindo ofrece una definición de “revolución” con miras a iniciar un diálogo con los lectores. El profesor Palacios invita nuestra colaboración para llevar a cabo la Revolución de la Estupidez Venezolana que culminará cuando remplacemos definitivamente gobernantes ESTÚPIDOS con gobernados INTELIGENTES.
Importante: Para la publicación de este capítulo en Internet se han omitido la notas a pie de página. Para leer el capítulo con las notas incluidas, puede abrir o descargar el capítulo en formato PDF AQUI
REVOLUCIONES Y LA REVOLUCIÓN, Segunda Parte
En las páginas anteriores señalábamos la necesidad de comprender a cabalidad el concepto de “revolución” para aplicarlo INTELIGENTEMENTE en Venezuela. Haremos un esfuerzo comparable al de Sísifo en cuanto que cada vez que creamos tener una definición válida del concepto, nos veremos obligados a comenzar nuevamente nuestra investigación. En Hispano América las revoluciones y las constituciones han sido tan numerosas y racionales como fueron los niveles de la mitológica Torre de Babel, con similares resultados para la humanidad. El resultado más dañino de haber llamado “revolución” a cada movimiento adverso al gobierno ha sido el ofuscar su punto de partida. Iniciar una carrera en un lugar diferente al de la “partida” oficial, la hace inválida. Así con cualquier revolución; un cambio en la sociedad será “revolucionario” sólo cuando haya comenzado en su verdadero principio, en los dos sentidos de esa palabra.
“La causa de ello está en que el principio es mayor en fuerza que en magnitud, por lo cual lo que es pequeño en el principio, resulta muy grande en el final.” Aristóteles, Del Cielo, V, 271 C.
La historia comprueba repetidas veces que de haber comenzado erradamente, por pequeño que sea el error, una revolución no logrará los resultados prometidos. Muchas y variadas han sido las razones por las cuales en Venezuela ninguna “revolución” se inició correctamente.
Una revolución es un giro total alrededor de un centro específico e insustituible. Un giro con su principio (“principio” en los sentidos de inicio y de luz guiadora) determinado por el “nuevo” centro del sistema (alfa) y con su fin u objetivo (omega) también determinado por el mismo centro. Una revolución verdadera crea un nuevo sistema, no es que remplaza al viejo (no se trata de cambiar nombres, objetos ni personas y sus “órbitas”) sino que da a luz a una nueva “criatura”, una nueva res publica. Platón se adelanta a Charles Darwin cuando trata el tema del nacimiento de un nuevo régimen (y/o nación) en términos alusivos a los ciclos de la reproducción biológica:
“… no solamente para las plantas que se dan en la tierra, sino también para los animales que viven sobre ella, hay períodos de fertilidad y de esterilidad que sobrevienen a las almas y a los cuerpos cuando los retornos alternativos anudan las circunferencias cíclicas de las distintas especies…” La República, 546 B (énfasis añadido).
Como todo parto, el nacimiento de un nuevo gobierno o nación puede o no estar acompañado de violencia. Si el cuerpo (animal o social, la politeia) está debidamente preparado para el alumbramiento, la revolución no tiene por que causar mayores traumas. Ahora bien, cualquier madre puede atestiguar sobre lo poco común que es encontrar una parturienta “debidamente preparada” para traer una nueva criatura al mundo, sobretodo si se trata de su primer parto.
Que una revolución esté acompañada de violencia es de esperarse. El “cuerpo político” de un pueblo siempre “nace” (del Latín nascere) como “nación” tras la muerte de la madre (l’ancien régime) que lo parió. “Será lo más importante en nuestra vida aquello por que seamos capaces de morir,” afirmó Ortega y Gasset el El Tema de Nuestro Tiempo, refiriéndose a las revoluciones políticas. Y así como desechamos la placenta al nacer un nuevo ser, una vez efectuada la revolución el nuevo hombre se deshace de su propia cultura: “Los símbolos culturales o nacionales que no promuevan la revolución con mucha frecuencia son desechados sin piedad.”
Karl Marx estuvo conciente del papel que la violencia juega en el devenir histórico, pero le asignaba un lugar secundario. “No todo proceso de violencia contra el Poder público es revolución; no lo es, por ejemplo, que una parte de la sociedad se rebele contra los gobernantes y violentamente los sustituya con otros.” Para Marx, eran las contradicciones internas de l’ancien régime las que iniciaban el movimiento revolucionario. Para establecer un nuevo régimen después de una revolución, libre de contradicciones, Marx proponía una “dictadura del proletariado” a la cual le estaba prohibido el uso de la violencia. Los que en nuestra juventud burguesa y decadente fuimos lo suficientemente ESTÚPIDOS como para acercarnos al comunismo, pronto nos dimos cuenta que el pensamiento de Marx no aguantaba traducción al idioma criollo. Ciertamente, Juan Bimba no podría entender porqué Herr Marx se refirió a Bolívar como “al canalla más cobarde, brutal y miserable,” mientras que el Dictraidor Chávez elogiaba a Marx, “el gran Karl Marx” en Diciembre del 2009.
Los hermanos Gustavo y Eduardo Machado, fundadores del Partido Comunista en Venezuela, descendientes de mantuanos, educados en Europa, Cuba y los Estados Unidos (a principios del siglo XX); Inocente Palacios, su esposa Josefina y sus hijos, multimillonarios en cuyo hogar sosteníamos nuestras reuniones de la Célula de Arquitectura (U.C.V.); estos eran los “comunistas” en la Caracas del General Gómez. Con esa dirigencia aristocrática el Partido Comunista Venezolano no produciría una “dictadura del proletariado”. De los que habíamos sido “vacunados” en nuestra niñez contra la ESTUPIDEZ, la mayoría rechazó el marxismo venezolano. Esta ideología y otras aun más populares por populistas que eran, agravaron la ESTUPIDEZ en la nación. En Venezuela, desde la dictadura de Gómez hasta la de Pérez Jiménez se hablaba de ideologías siempre adversas al gobierno de turno. ¿Qué se podía esperar de un minúsculo grupo de universitarios caraqueños y su limitada comprensión de obtusos pensadores alemanes, italianos y suecos? ¿Era esta alienación intelectual y política la manera de “cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria” (Bolívar, final de la Carta de Jamaica)? ¿Qué resultó del pensamiento político europeo en Venezuela, del Marxismo, del Socialismo, y de la Democracia Cristiana? Ciertamente no resultó en revolución alguna. Lo único que significó el fin de la dictadura perezjimenista fue una transferencia de poder de un grupo a otro. Como explicara el Príncipe a su tio en Il Gattopardo de Lampedusa, “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi” (Si queremos que todo quede como está, es indispensable que todo cambie).
Los “períodos de fertilidad” que describió Platón (arriba) habían dejado atrás al minúsculo grupo de ya no jóvenes universitarios que tomó el poder en 1958. Alienados espiritual y cronológicamente del pueblo, fueron incapaces de “fecundarlo” y producir nuevos líderes:
“solamente donde ocurre un cambio en el sentido de un nuevo principio, donde la violencia sirve para constituir una forma de gobierno totalmente diferente, para darle vida a un nuevo cuerpo político, donde la liberación de la opresión está dirigida a la constitución de la libertad, sólo entonces podemos hablar de revolución.”
En Venezuela la ESTUPIDEZ imposibilita distinguir entre “liberación de la opresión” y “la constitución de la libertad.” Así, cuando Pérez Jiménez se escapó y salió para Miami, el pueblo venezolano se creyó el cuento que había concluido una revolución y que se iniciaba un nuevo régimen. ¡Nada de eso! Lo que produjo la ESTUPIDEZ crónica del pueblo (200 años de sufrirla) fue una confusión entre “liberación” y “libertinaje” (similar a la ocurrida después del 18 de Octubre de 1945). La “constitución de la libertad” brilló por su ausencia y en su lugar se constituyó el Pacto de Punto Fijo. No hay porqué dudar de la sinceridad de los puntofijistas; muchos de ellos pensaban que inauguraban un nuevo ciclo histórico. Otros, de mayor ingenuidad, comenzaron a medir la edad de la “nueva Venezuela” a partir del nuevo régimen. Pero como dijimos anteriormente, “… el “cuerpo político” de un pueblo “nace” …[inevitablemente] tras la muerte de la madre (l’ancien régime) que lo parió.” En Venezuela no había muerto l’ancien régime y los del Pacto de Punto Fijo no engendraron herederos que pudiesen llevar a cabo una revolución.
Decepcionado y resentido una vez más por sus gobernantes, el pueblo venezolano instintivamente buscaría un “mesías” que le curase milagrosamente su torpeza mental (ESTUPIDEZ) y que le enseñara a vivir en paz y libertad. Mientras tanto, todo quedaba igual que antes: plus ça change, plus c’est la même chose, según el axioma francés (“más cambios, más de lo mismo”). Como en siglos anteriores, una élite oligárquica ostentaba el Poder político y económico a la vez que engañaba al pueblo con el cuento de que reinaba la libertad en el país porque “había democracia.” “Puntofijistas,” adecos, copeyanos, urredistas, masistas, miristas; “sin cuenta y pico” diría Aquiles Nazoa refiriéndose al número de ideologías de nuestros dirigentes. Nadie supo armonizar aquella cacofonía política y la famosa “generación del 28”, formada en oposición a las dictaduras, optó por simplificar la democracia en Venezuela. Puede decirse que el Presidente Raúl Leoni fue el último que ganó la primera magistratura gracias al apoyo de su partido Acción Democrática y de la “amplia base” que había logrado durante su campaña. En el último año de su gestión se popularizaron los “redentores” de la Patria . Los expertos propagandistas (yanquis en su mayoría) aconsejaban a los principales candidatos en lo que a su parecer sería necesario para ganar las elecciones . La tradicional “compra de votos” estaba fuera de su experiencia y alcance; eso era problema de los candidatos que sabían como se bate el cobre en Venezuela. También competía a los candidatos y sus aliados recabar la mayor cantidad de dinero entre la oligarquía venezolana y/o los partidos homólogos europeos y estadounidenses. Más que nunca en la corta historia política venezolana, el “poderoso caballero don Dinero” determinaría el resultado del proceso electoral. Desde entonces (¡desde la Colonia!) la INTELIGENCIA de los votantes así como la de los candidatos no aporta absolutamente nada para la salud de la res publica.
La enfermedad de la ESTUPIDEZ se transmite de gobierno a gobierno, una epidemia parecida a la transmisión del SIDA, de puta a cliente a puta a cliente… Urge llevar a cabo una verdadera revolución en Venezuela. Urge una revolución que elimine el centro alrededor del cual gira todo el quehacer nacional, la ESTUPIDEZ, y en su lugar comencemos a actuar alrededor de la INTELIGENCIA que sí tenemos y necesitamos.
Las campañas dirigidas a la identificación de un futuro “Mesías” eliminan la necesidad de que el pueblo decida si le conviene el socialismo, la política de la religión católica, o simplemente qué significan las ideologías de los partidos “Equis” o “Zeta.” En la democracia “mesiánica” los candidatos tienen nombres y apellidos, o sobrenombres que los identifican en las tarjetas electorales fácilmente, ESTÚPIDAMENTE. “El Presidente,” Caldera, “El Tigre”, Lusinchi, y Teodoro: es lo que los propagandistas yanquis denominan name recognition. Juan Bimba cree que la aparente familiaridad con los candidatos los protegerá de la opresión y control de la oligarquía. Pero ni hubo ni hay tal protección: el mesías criollo no saldría de las filas de los anacrónicos y divisivos partidos políticos. Durante 4 décadas los dirigentes partidistas tenían una sola meta, mantenerse en el gobierno, preservar el omnímodo Poder del Ejecutivo Nacional. El bien común, el progreso de la economía nacional, la educación de la ciudadanía, la salud pública – en fin – todos aquellos objetivos que definen un buen gobierno, estuvieron ausentes durante el llamado “período democrático” venezolano.
“La historia cultural contemporánea de Venezuela (1936-1993)” nos dice Guillermo Morón, “no puede ser otra cosa sino una continuidad de la cultural formada en el siglo XVI… y acondicionada en el siglo XIX (1830-1936), cuando se forma la república sobre los ideales de democracia y libertad.” En realidad, ni durante las dictaduras ni durante el período “democrático” (1958-1998?) se pensó en crear, INTELIGENTEMENTE, un sistema de educación que produjera una ciudadanía conciente de sus derechos y obligaciones cívicas. Pocas líneas más adelante Morón reitera, “…la educación ha tomado cuerpo sin alterar sustancialmente el sistema: primaria, secundaria y superior, que fue el diseño trazado por el Estado español monárquico y ratificado por la república.” (op. cit., página 339).
Que no haya surgido un nuevo sistema de educación en la recién parida “República de Venezuela” después de la Guerra de Independencia, indica claramente que es totalmente falso que haya tenido las características de una auténtica revolución… plus ça changeait… Miles de muertos, una pobre colonia completamente arruinada; todo, para que un mes antes de morir, el Libertador le escribiera al General Juan José Flores, “El que sirve una revolución ara en el mar.”
Los venezolanos nacidos después del único cambio serio que hemos sufrido (de un régimen monárquico español a otros criollos: dictatoriales, tiránicos, anárquicos, oligárquicos, aristocráticos, seudo-democráticos y ahora, a uno dictraicional) no hemos conocido revoluciones “de verdad verdad”. La “verdad” es un descubrimiento de la INTELIGENCIA humana, cuya acción la dificulta o impide la ESTUPIDEZ. Hemos conocido muchas revoluciones de “mentira mentira,” como denominábamos nuestras acciones cuando niños. Revoluciones en las que se anunciaban cambios y programas que darían inicio a una nueva sociedad, un nuevo país. Pero eran mentiras, no se daban dichos cambios ni se iniciaba nada nuevo. Síntoma y producto de la ESTUPIDEZ es la mentira; síntoma y producto de la INTELIGENCIA es la verdad.
Ѐγχράτεια (enkrateia).
Actualmente en Venezuela, la ESTUPIDEZ gobierna . Ni el pueblo, ni los funcionarios del gobierno, ni los partidarios del Dictraidor Chávez ni sus opositores, pueden ejercer la INTELIGENCIA. Les está prohibido siquiera poner en duda o criticar (aplicar criterio) al Dictraidor, sus acciones y sus palabras. Paulatinamente, la ESTUPIDEZ impide reconocer la verdad de la retórica política, hace desaparecer la justicia del sistema jurídico y elimina la libertad ciudadana necesaria para sobrevivir y progresar. Finalmente, la ESTUPIDEZ destruye el espíritu de la Nación des-animándolo, es decir, sustituyéndole el ánimo con una ideología putrefacta extranjera.
Arriba mencionamos el concepto socrático comúnmente llamado enkrateia. Χράτεια (krateia) es el sufijo que se encuentra en palabras como democracia y tecnocracia, significa poder o control. Encratia quiere decir control sobre sí mismo.
“Especialmente un líder debe autogobernarse. Si una person se compromete a dirigir una nación, ¿de qué le vale esa persona al pueblo o al gobierno si no puede controlar sus propios apetitos, pasiones y deseos?”
Jenofonte y Sócrates fueron quienes introdujeron y desarrollaron el concepto de encracia en la filosofía política de la cultura occidental . Para Sócrates encracia es la “base de todas las virtudes” y solamente su posesión (o sea, solamente cuando el ciudadano la ejercita) define la libertad de cada quien. El concepto socrático del dominio de sí mismo engendra un nuevo concepto de libertad entre los ciudadanos de la República Ateniense. El famoso juicio de Sócrates describe un gobierno de “iguales” (más de 500 miembros del jurado) que condena al más sabio de los atenienses al exilio o a la muerte. Quien haya leído “La Defensa de Sócrates” sabe que la “igualdad” de los ciudadanos no confiere INTELIGENCIA. Meleto, Anito, Licón y los 281 (de 501) ciudadanos que votaron por la culpabilidad del sabio maestro dieron evidencia de su ESTUPIDEZ, en este caso, una ESTUPIDEZ maliciosa.
Solamente de efectuarse un giro “en el interior del hombre que cambie su estructura anímica (La República, 545 E 5)” es que podemos hablar de un hombre libre. Platón indica que “todo cambio producido en el estado parte de los gobernantes… y se produce cuando surge una discordia (revolución) en el seno de la capa gobernante.” (loc.cit.) Quien acepte gobernar deberá ser libre – encrático - de todas sus fallas, de todos sus vicios; nada ni nadie ejercerá poder o control sobre él. Ni su arrogancia, ni su engreimiento, ni Fidel Castro, ni Simón Bolívar… Evidentemente, en Venezuela no conocemos la verdadera libertad, la que da a luz a una nueva Nación. Los “Meleto, Anito, Licón y los 281 (de 501) ciudadanos que votaron por la culpabilidad de Sócrates” y dieron evidencia de su ESTUPIDEZ, pareciera que han vuelto a la vida en la Venezuela XXI: ahora se llaman “el Dictraidor Chávez y los rojitos…”
Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ
VENEZUELA XXI: Chávez y sus armas nucleares
VENEZUELA XXI, la guerra con Colombia
VENEZUELA XXI, Ad inteligentes, pauca
VENEZUELA XXI, La Estupidez en las Fuerzas Armadas
VENEZUELA XXI, Estupideces Básicas (Parte 1)
VENEZUELA XXI, Estupideces Básicas (Parte 2)
VENEZUELA XXI, La Prostitución
VENEZUELA XXI, Estupideces nuestras: el Alcoholismo
VENEZUELA XXI, O acabamos con la prostitución o nos prostituimos todos
VENEZUELA XXI, Los negros de un blanco venezolano
VENEZUELA XXI, El “Budú” del Dictraidor, Supersticiones y Religiones
VENEZUELA XXI, El Principito se encuentra con el Dictraidor
VENEZUELA XXI, Prólogo
VENEZUELA XXI, Epílogo
VENEZUELA XXI, Revoluciones y Revolución
VENEZUELA XXI, Revoluciones y Revolución, segunda parte
Nota del Editor: A partir del sábado 19 de junio se publicará en entregas semanales el ensayo de Eduardo Casanova “Cómo hacer una novela".
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
La IGNORANCIA, es decir el no saber quienes somos en realidad, el no reconocernos como parte integral del Todo -la Humanidad, la Naturaleza, el Cosmos- el creernos seres separados e independientes, es la causa de todo sufrimiento humano. No puede haber revolución si no logramos avanzar hacia una transformación integral y radical al menos en un número suficiente de individuos dentro de cada sociedad. Si los que tenemos el coraje suficiente, no cambiamos el centro de gravedad desde nosotros mismos -ego- hacia el otro, los otros, el Todo; hasta que no logremos reconocernos como únicos responsables de cada una de nuestras decisiones y optemos, libre de condicionamientos culturales, sociales, religiosos, familiares...por elegir siempre en función del Bien, la Bondad y la Belleza del Todo, no habrá revolución posible
La agradezco mucho este artìculo.
Me alegra ver que la Sra. Briceño adopta mi palabra “dictraidor” para referirse al aparentemente desgraciado dictador venezolano. Si el Proceso Evolutivo me lo permite, escribiré “VENEZUELA XXI, Cómo llevar a cabo la Verdadera Revolución.” De ser así, espero la colaboración de Blanca Briceño, gracias, Gonzalo Palacios Galindo.
Es una pena encontrar personas que se creen inteligentes y lamentablemente lo que escriben no los apoya.
Eso que hace el tal José es un muy buen autorretrato
Comentarios recientes