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El teniente-coronel Chávez Frías obligó a un grupo de empresarios a sentarse frente a él como alumnos regañados, y les soltó un sermón lleno de disparates y de insultos velados, pero, a la vez, de adulancias y referencias a que los necesita, lo que es otro recule más. Contradicciones a millón, como decirles que el país necesita la inversión extranjera pero va hacia el socialismo. En realidad, si se analiza a fondo lo que dijo, no dijo nada, salvo que todo va mal en la economía del país aunque él se niegue a reconocerlo públicamente. ¿Lanzó un plan? Si lo lanzó, se quedó corto, porque nada de lo que dijo va a acabar con la carrera inflacionista que todos estamos sufriendo. ¿Quiere de verdad que alguien invierta en el país? Con lo que estamos viviendo habría que ser idiota para invertir un centavo y arriesgarse a que en cualquier otro golpe de timón se apropie de todo lo que se invirtió. La agilización de hasta cincuenta mil dólares puede que le resulte buena a algunos votantes, pero no a quienes trabajan en serio. Quizás la única medida de alguna trascendencia que anunció fue la eliminación del odioso Impuesto a las Transacciones Financieras, que afecta especialmente a los que tienen poco y poco afecta a los que tienen mucho, y que no es otra cosa que quitarle la pata del cuello a todo el que necesita manejar algo de dinero. De resto, demagogia, populismo del más barato, que en nada beneficia al país y que demostró, con las sonrisitas serviles de varios de los “grandes hombres” de la economía venezolana, que los “grandes hombres” de la economía venezolana se merecen a Chávez, o a cualquier Chávez, y que Venezuela no se merece ni a Chávez ni a los “grandes hombres” de la economía venezolana.
Apreciado primo:
Gracias, Rafael, por tu oportuna y siempre grata presencia. Tú y yo, por fortuna, no tenemos razón alguna para tolerar los abusos de los que reparten el maloliente producto. Ojalá que pronto el país los expulse para siempre de su seno.
Eduardo:
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