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Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

« Los frutos del odioYo tenía una luz... »

Tiempos de júbilo

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Tiempos de júbilo

El plan maestro que culminaría en las sabanas de Carabobo, territorio en el que Simón Bolívar ya había conocido el sabor de la victoria (25 de mayo de 1814), fue obra de Antonio José de Sucre, que allí demostró el genio militar que lo llevaría a la inmensa batalla de Ayacucho y a ser el verdadero vencedor de los españoles en América. Contemplaba, básicamente, que las fuerzas patriotas ubicadas en los Llanos occidentales se encontrarían con las del general Rafael Urdaneta, que debían salir de Maracaibo, luego de que Maracaibo pasara a ser de los republicanos, y las de aquel personaje que al alzarse en Siquisique inició la guerra, el Indio Reyes Vargas, que había saltado la por segunda vez talanquera pero en la otra dirección, y estaba en Mérida, y que al converger todos en Carabobo debían quitar para siempre del medio a los realistas. Como maniobras de distracción se contemplaba un ataque sobre Caracas llevado a cabo por los orientales, Mariño, Cedeño y Arismendi. Todo ello después de denunciar la tregua como estaba previsto en el Tratado que habían firmado en Trujillo (Vicente Lecuna, Crónica Razonada de las guerras de Bolívar, The Colonial Press Inc., New York, USA, 1950).
Y así se hizo. El plan se cumplió a la perfección.
Lo primero que ocurrió fue el rescate de Maracaibo para la patria, cumplido por Rafael Urdaneta a través del teniente coronel José Rafael Las Heras, luego de que el que fungía de jefe de las tropas realistas, el venezolano Francisco Delgado, se pasara al bando patriota. El 28 de enero de 1821 una de esas “asambleas de notables” que tanto daño le han hecho al país a lo largo del tiempo, se reunió para declarar la Independencia de Maracaibo y su incorporación a Colombia. De más está decir que al día siguiente Heras entró a dar su protección al territorio, y que el jefe de los españoles, La Torre, protestó de inmediato. El razonamiento con el que le respondió Urdaneta no deja de ser original por lo leguleyo: el Tratado contemplaba que cada bando protegería a los desertores, y todos los habitantes de Maracaibo lo eran. Desde luego, el resultado de aquello fue la ruptura de la tregua, en los términos establecidos en Trujillo, y, por lo tanto, la continuación de la guerra, luego de unos intentos más bien flojos por parte de los españoles de obtener una extensión negociada de status quo. El 16 de abril de 1821 quedó denunciado el armisticio y 18 ya había guerra de nuevo, pero una guerra en la que los patriotas llevaban todas las de ganar y partían a la ofensiva, situación muy distinta a la que esta entonces habían tenido que soportar. Bolívar ordenó a sus oficiales que en todas partes se leyera lo dispuesto por el Tratado de regularización de la guerra y que en especial se hiciera saber a todos que debían ser más piadosos que valientes. Un cambio notable, en el que se nota la mano de Sucre.
Las instrucciones dadas por Bolívar, de acuerdo al plan de Sucre, establecían que Arismendi caería sobre Caracas desde el Este, y Páez saldría de Apure hace Calabozo, mientras otro grupo iría hacia San Carlos, Reyes Vargas saldría desde Mérida y Carreño desde Río Hacha.
Un hecho triste ensombreció la alegría que debía acompañar todos aquellos movimientos: el 10 de marzo había muerto en Cúcuta Juan Germán Roscio. Bolívar ordenó que todos los soldados llevaran luto por veinte días. Y fue en Cúcuta, el 6 de mayo, donde un nuevo Congreso se reunió, reeligió Presidente a Bolívar y aprobó una nueva Constitución.
Poco antes, Bolívar había rediseñado la campaña prevista por Sucre. Páez cruzaría el río Apure y se acercaría a Guanare, Urdaneta iría Coro y Carora, y Bermúdez sería el encargado de la maniobra de distracción que amenazaría a Caracas, y Reyes Vargas, para hacer creer a los españoles que los patriotas se acercaban por donde no se acercaban, pasaría por Nirgua anunciándose como la vanguardia de una fuerza mucho mayor que caería sobre Valencia. Que fue más o menos lo que se hizo como parte de la campaña que culminaría en las sabanas de Carabobo.
Las fuerzas de la república hicieron algunos movimientos previos, como lo fue la toma de Boconó. Los realistas optaron por dejar Guanare e ir a San Carlos, de donde escaparon de nuevo al saber que se acercaba Bolívar, que esperaría a Páez y a Urdaneta en aquel sitio, donde revisaría con cuidado los planes para afinarlos.
Urdaneta salió de Maracaibo el 1º de mayo, y tras una marcha sembrada de alegría y triunfos, hizo un alto en Casigua, a mitad de camino entre Maracaibo y Coro, en donde suponía que Miyares y Faría harían alguna resistencia, pero no fue así: huyeron como gamos asustados hacia Coro. Cuando Urdaneta llegó a Mitare, Josefa Camejo alzó toda la zona de Paraguaná, y el 11 de mayo las fuerzas de Urdaneta tomaron la ciudad que Miranda había visto vaciarse en 1806. Los realistas habían volado de nuevo hacia Puerto Cabello. Dieciocho días después, Urdaneta partió hacia el Sur, por la vía de La Sierra, y cayó sobre Barquisimeto. En Carora asumió el mando el coronel Antonio Rangel, porque Urdaneta se enfermó de cuidado. Lo atacó el mal de los riñones que lo mataría muchos años después, en 1845. La división se encontró con Bolívar en San Carlos el 19 de junio.
Páez, que tendría que reunirse con Bolívar en San Carlos, sin mucha libertad de acción, salió de Achaguas el 10 de mayo. Pasó el trabajo hereje porque el ganado y los caballos (cuatro mil novillos y dos mil caballos de reserva) se le escapaban todas las noches y tenía que dedicar serios esfuerzos a recuperarlos, lo cual fue una forma de Bolívar de mantenerlo ocupado para que no hiciera una de las suyas. No son de contar –dice Páez, fastidiado, en su Autobiografía– las molestias y trabajos que nos hizo pasar, durante nuestra marcha, la conducción de tan crecido número de animales. Todas las noches los caballos se escapaban en tropel, sin que bastaran los hombres que los custodiaban para detenerlos en la fuga. Por fortuna, como habían estado siempre reunidos por manadas en potreros, corrían juntos y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra muy blanda, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de lluvias. Esas deserciones se repetían todas las noches a las ocho, pues por el instinto maravilloso de esos animales, una vez que han encontrado la posibilidad de escapar a sus dehesas, redoblan siempre sus conatos a la misma hora del día siguiente. (…) Al fin mis llaneros los cogían, y al otro día me alcanzaban con ellos en la marcha, que yo aceleraba todo lo posible para reunirme cuanto antes con Bolívar. ¿Le habrá permitido Bolívar a Páez entrenarse en aquellos días como conductor de masas? En Tucupido, cuando se enteró de que Bolívar había tomado Araure, Páez dejó atrás la infantería y fue a reunirse con los otros en San Carlos.
Todo estaba listo para el combate final.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo

 

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de Eduardo Casanova

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